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¿Los chicles de vino saben realmente a vino?
Los chicles de vino, particularmente populares en el Reino Unido, pueden llamarse chicles de vino, pero realmente no contienen una gota de alcohol. A pesar de ello, hemos podido leer alguna noticia en la que a un adolescente, erróneamente por cierto, no le permiten comprar estos chicles por no tener la edad mínima permitida para comprar alcohol. ¿Entonces, por qué los llaman chicles de vino si no están hechos de vino? Algunas personas dicen que en las recetas originales sí que contenían vino, mientras que otros afirman que nunca fue así. Fueron elaborados originalmente por el fabricante de productos de confitería británico Charles Gordon Maynard quien, se cree, que tuvo que convencer a su padre de que los nuevos dulces no ofendían a sus firmes principios metodistas ya que no contenían alcohol. Hay dos teorías. La primera es que después de escuchar un sermón sobre la templanza, Maynard junior decidió comercializar sus dulces como una manera de disfrutar de los sabores del vino sin consumir alcohol. Por lo tanto, los llamó chicles de vino y los etiquetó con nombres de vinos. La segunda teoría es que quería que sus creaciones fueran consideradas tan buenas y apreciadas como un buen vino. Estos chicles fueron comercializados finalmente en 1909 y desde entonces se sirvió el debate entre los amantes de estos dulces sobre qué sabor tenían realmente. ¿Es vino o se trata de fruta? Es cierto que tienen una mayor profundidad de sabor que muchas gominolas dirigidas a los niños y se podría argumentar que, puesto que saben a fruta, y el vino también sabe a fruta, entonces el sabor de los chicles es algo parecido al sabor del vino. Todas las marcas tienen sus propias recetas y muchas de ellas las guardan en secreto, negándose incluso a revelar a qué sabores corresponden. La compañía Allan Candy Company, sin embargo, dijo que sus sabores son los siguientes: El rojo es de frambuesa; el naranja es, como es lógico, de naranja; el amarillo es de limón; el verde es de lima; el blanco es de pomelo y el negro es de grosella negra.

El chicle rojo

Este chicle podría tener un sabor a vino tinto o a un Oporto. A menudo se etiqueta con "port", pero, presumiblemente, se supone que su sabor es a frutas rojas como frambuesa, fresa, cereza o grosella. Podría ser un poco como un Tempranillo que, por lo general, tiene sabores de cereza.

El chicle negro

Éste tiene división de opiniones. Lo puedes amar o lo puedes odiar. El sabor depende de qué marca de gominolas se trate. A veces, su sabor recuerda al regaliz, pero el sabor dominante es la zarzamora. El sabor que más se le asemeja es el de la uva Mencía, que es la respuesta de España al Beaujolais, y que sabe a grosella negra y mora.

El chicle amarillo

La mayoría de las personas están de acuerdo en que este color sabe a limón. La uva Godello produce vinos que combinan el sabor del limón con un poco de melón, o la Verdejo tiene aromas de limón y herbáceos, un poco como la Sauvignon Blanc.

El chicle naranja

Una vez más, ésta es fácil. Nadie duda en que éste sabe a naranjas o mandarinas. El equivalente sería el Vino Naranja, que se produce en Andalucía, donde el vino blanco se macera con cáscara de naranja después de un período de envejecimiento. También hay una versión dulce, el Moscatel Naranja, producido en Málaga, donde las cáscaras de naranja se maceran en alcohol destilado del vino y esto se añade al vino dulce moscatel.

El chicle verde

No hay mucho debate aquí. La mayoría de las personas piensan que este chicle sabe a lima. El Albariño tiene a menudo sabores de lima, aunque es mucho más complejo que esto. Encontrarás manzanas crujientes, un poco de melocotón, piña y en algunos también incluso algo de salado.

El chicle blanco

Éste es probablemente el chicle que causa el mayor debate. Después de todo, muchos ni siquiera pueden ponerse de acuerdo sobre de qué color es. ¿Blanco? ¿De color amarillo pálido? ¿Crema? ¿Gris pardo? Sea cual sea el color, a menudo se etiqueta como «champagne». Ha sido descrito como uva blanca, pomelo, pera y piña. La Chardonnay puede tener notas de piña, mientras que la Chenin Blanc a menudo sabe a pera, o podríamos conseguir preciosos aromas de pera en un buen cava. Cualesquiera que sean los sabores, ninguna gominola puede esperar tener la profundidad y la complejidad de un buen vino, pero eso no quiere decir que sus sabores no sean una reminiscencia de algunos provenientes del vino.

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